Mar del Plata: playa, y un toque dulce


 

Hay una elegancia europea en las calles de esta ciudad muy latinoamericana. Este refugio combina bien los gustos del viajero sofisticado.

 

La mezcla precisa entre una playa perfecta y una interesante vida cultural no es algo que se dé muy a menudo. El extremo este de Argentina ofrece justamente eso: en Mar del Plata, las artes escénicas y la arquitectura se suman a balnearios deliciosos y la clásica diversión playera, todo ello en un clima privilegiado.

Es una fórmula que se disfruta especialmente durante el verano —lo que, por añadidura, lo hace un escape ideal para los habitantes del hemisferio norte—, pero es perfecta para cualquier momento del año.

Un paseo por la arquitectura de “Márdel” (como los visitantes llaman cariñosamente a este destino) debe incluir la Catedral, de estilo neogótico; la Torre Tanque, un mirador en Stella Maris desde donde se tiene la más impresionante vista panorámica, o el precioso Teatro Colón, de inicios del siglo XX, donde en la actualidad se puede ver un espectáculo de tango o una obra de teatro. La adquisición de artesanías locales y la visita a centros como el Victoria Ocampo completan la elegante oferta cultural de la ciudad.

Otras actividades, en especial para quienes vienen en familia, son ir a los toboganes y albercas de Aquasol Parque Acuático; al Aquarium, donde se pueden ver de cerca los leones marinos tan característicos de la región; a la playa Varese, sin duda una favorita, o de excursión por la naturaleza a Laguna de los Padres.


Hay que explorar toda la variedad de pescados y mariscos de la zona, lo mismo que la comida típica argentina, y por ningún motivo perderse las confiterías: templos de alfajores, dulce de leche y tartas.