Oaxaca, la cocina sagrada


 

Sabores, aromas, colores y sonidos se conjugan en cada rincón de esta ciudad mexicana: es una experiencia genuina, inolvidable y deliciosa.

 

Si se pretendiera conocer México de un solo vistazo, la visita obligatoria sería a Oaxaca, una ciudad que, en cada rincón, habla con elocuencia —y orgullo— de una gastronomía de renombre mundial, tradiciones artísticas y artesanales centenarias, arquitectura y una vida cultural que hoy está mejor que nunca.

 

 

La ciudad de Oaxaca, en el sur del país, debe visitarse con todos los sentidos. Los mercados Juárez y 20 de Noviembre son paseos de rigor. En sus pasillos se encuentra de todo: desde exóticos insectos comestibles, panes de yema, quesos o tamales, hasta los componentes del emblemático mole, una compleja salsa que alcanza el nivel de arte al encontrar el punto exacto de chiles, chocolate y especias. Todo esto se puede probar, también, en refinadas versiones de alta cocina. Eso sí, es necesario ser prudente al comer estos platillos si no se está acostumbrado a los condimentos.

 

Una tradición paralela se encuentra en la producción artesanal de mezcal, aromático pariente del tequila. Para degustar sus diferentes variedades, lo mejor es visitar locales como Los Danzantes o La Mezcaloteca. La otra bebida obligada: el asombroso café de la región.

 

Todo depende de las preferencias del viajero: se puede ir con pausa por los restaurantes, tiendas de artesanías e incontables museos, o se puede aprovechar el mes de julio para disfrutar la Guelaguetza, la fiesta más importante, donde la comida, la música y las danzas tradicionales de toda la región toman posesión de la ciudad y de quien la visite, pues la energía que se siente por las calles es desbordante y contagiosa.